Había una sola razón por la que ella dejaba de hacer lo que estaba haciendo y se disociaba de la realidad como si hubiese sido tele transportada a otro planeta.
Me di cuenta al inicio del viaje, cuando se calló repentinamente, -en medio de una discusión- me dejó hablando solo porque algo mas importante estaba ocurriendo afuera. Era la lluvia, sus ojos café, casi negros, se maravillaban con la lluvia atronadora que nos sorprendía en la carretera. Tanto le fascinaba el fenómeno que, volteando todo su cuerpo a la derecha, bajó la ventanilla de su lado del auto para escucharla mejor. Le gustaban los patrones con que la lluvia mojaba la tierra, la mezcla de estilos, los goterones en los árboles y la sutil pero constante cortina de agua. Podía ver su pelo salpicado y una parte de su chaqueta empapándose pero ella parecía no molestarse con nada de eso.
Cuando la lluvia cesó también lo hizo su interés. Volvió a hacer lo que estaba haciendo, siendo capaz de retomar su argumento tal cual donde lo había dejado, como si nunca se hubiese distraído, como si no se hubiese desconectado de mí o del mundo por unos minutos.
Cuando la lluvia cesó también lo hizo su interés. Volvió a hacer lo que estaba haciendo, siendo capaz de retomar su argumento tal cual donde lo había dejado, como si nunca se hubiese distraído, como si no se hubiese desconectado de mí o del mundo por unos minutos.
Ella no era de esas mujeres que pierden el hilo al hablar, y en parte, por eso eramos amigos. Era capaz de conversar hasta que el sol saliera por la mañana sin bostezar ni una sola vez.
Por eso no pude evitar amar la forma en que observaba la lluvia, pues la curiosidad que le provocaba me mostró otra faceta de su personalidad, una sensibilidad que yo había pasado por alto.
Ella contemplaba el agua que caía del cielo con la misma intensidad con que, minutos más tarde, me obligó a oír a debussy en la radio de mi auto. Diciendo que desde el minuto cincuenta y tres del claro de luna podríamos oír el mar.
Cuando la escogí como mi compañera, para atravesar el país, lo hice porque nos conocíamos hace años, habíamos trabajado juntos antes, tenía la aprobación de mi familia y a decir verdad, yo contaba con su responsabilidad e inteligencia para sobrevivir durante el viaje. Sin embargo la primera vez en que me interesé por lo que ella realmente era.y no por las ventajas de tenerla a mi lado fue durante el episodio de la lluvia.
La música, el paisaje, la aventura me seducían, y aun cuando no lo esperaba, también comenzaba a hacerlo ella.
No hay comentarios:
Publicar un comentario