Dos personas de similares edades juveniles se encuentran sentados en una precioso parque patrimonio de la humanidad, lleno de flores y arboles exóticos en un día plomo, nublado, variando a oscuro definitivo.
- Parece que llueve- Dijo el hombre de considerable nariz, poco pelo, abultado estomago, pequeños ojos y alto caminar.
Ella lo miró con media atención, parecía preocupada de otras cosas. Hablar del clima era demasiado superfluo para su confundida mente.
El silencio vuelve a ser ensordecedor entre los desconocidos, sin embargo el insistente hombre de palabra, lo despojo de su reinado trayendo consigo el hermoso sonido de un declamador no tan profesional.
- Este es el clima que me gusta, me hace pensar en mejores años-
- Disculpa que te interrumpa, ¿sabes en dónde estamos?-
- En un parque.-
- Es que no recuerdo-
- ¿Qué no recuerdas?-
- Como he llegado aquí-
Ambos se miraron intentando lograr alguna información relevante de los ojos del otro. Al notar su falta de noción del tiempo parecían estar detenidos en un momento de la historia. Cronos en su malicia jugaba con ellos.
- Se que mi país estaba en llamas, había un dolor en mi alma- Dijo él sintiendo algo como desazón en su vació cuerpo.
Mientras que ella, sin intentar hilar un recuero coherente, fue invadida por una extraña sensación de emoción.
- Creo que te conozco.. Probablemente hace años, ¿Ricardo? ¿Pablo? Reyes tal vez.-
- No sé en realidad, pero la compañía me acomoda.-
- Lamento no decir lo mismo.- Contestó ella abrumada por la atmosfera romántica que el hombre a su lado exudaba.
- ¿Cómo dijiste que te llamabas?- Preguntó él.
- No lo dije-
- Tienes razón, nos conocemos. De hecho, se perfectamente quien eres mujer-
La joven de aguilucha nariz y pelo inmanejable, de rasgos rudos y ojos profundos se enderezó sorprendida por tan vehemente afirmación.
- No confío en los hombres.- El joven sonrió medianamente, creyendo enfrentar un comentario sin importancia. Ella continuó hablando.
- Me siento violentada por imágenes como las tuyas, de tanto viajar te has vuelto un extranjero más-
- Claro que desconfías. Ahora que lo mencionas, dicen que tuviste malas experiencias de pequeña. Espera un momento, ¿porque dices que viajo? ¿Es que soy importante?-
- Generoso de mujeres, y múltiples odas a lo simple.. Has hecho complejo el lenguaje universal.-
- ¿Juegas conmigo? Se de tus premios, tus gustos, cada uno de los reconocimientos que el país te dio, no es necesaria la burla de mi corriente pasar-
- No me burlo, casi comprendo, ¡tu paganismo te tiene en este lugar! Tantas mujeres, esa alma de Casanova y el poco respeto por la moral terminó contigo-
- No me gusta Dios. ¿Pero qué hay de tus ángeles? ¿Crees que te han traído aquí?-
- Esperaba que lo hicieran, pero si esto es el cielo.. Deja mucho que desear-
- Esto es el cielo para mí, es increíble volver a verte. En la época en que te conocí, nuestras vidas eran diferentes. Nuestro rostros no vivían en el circulante.-
- ¿En el circulante?-
- Sólo el tuyo en realidad-
- El tema no es contigo chico, me alegro de verte. Siempre supe que venías a quebrar los moldes de la poesía costumbrista sombra de tu presente-
- ¿Entonces cual es el problema? Sientes la independencia del olor a frío, espera a que las gotas toquen nuestros perfectos rostros sin presura, acaso no ves las mariposas, flores, espinas, bosques, hojas, ojos, madera alrededor- Dijo él.
- El cielo está gris, no tiritan astros lejos ni cerca. Pero si pienso en Temuco, ¿te acuerdas de Temuco?- Respondió ella.
- Patria Araucanía, tú llevabas los tacones bajos, y un rostro tostado. Me atrevo a tutearte ahora, porque en esos tiempos no venía al caso.-
- Fuimos iguales, somos iguales ahora. Somos hijos de la misma alma, tu madre..
- Y tu Padre-
- ..se deben haber unido en esta banca, luego de dejarnos. Pero no estoy contenta.-
- ¿Qué te hace falta? Qué necesitas?.-
- Siento que debería estar en otro lugar, angustia, echo de menos.-
- Este es tu infierno entonces. Porque en el fondo no supiste amar.-
- ¿Y supiste tú amar? Recuerdas a Matilde, ¿o alguna de tus muchas amantes de sonetos y cantos?-
- No lo sé, supongo que las llevo dentro, no con nombres como me pides, pero con tranquilidad de saberme amado y amante bajo mis criterios, a vista y paciencia de un mundo-
- Eso puedo confírmartelo yo, no es una sensación, fue tu realidad. El mundo entero supo de tus hazañas, inexorable amador, rey de corazones. Esperanzado vivías queriendo y odiándolas, callándolas, adorándolas. Ellas, tantas, nunca eran demasiadas para ti, el insaciable artista.-
- Suena a reproche. Es porque tu no supiste amar como debías, a quien debías, libre, serena.-
- No me cuentes mi historia, privada, sola. Si no la guardo yo, entonces no tienes derecho.-
- Sola nada, he oído de tus compañías-
- Así que mi castigo es pasar la eternidad junto a ti, que me recuerdas a otras vidas, y me mantienes despierta aun cuando te digo que me duele algo aquí adentro-
- Creo que así es, y no lo siento. Pudiste ganar, pudiste escoger hacerlo bien, es un mundo loco haya afuera, hubieses tenido que batallar una que otra lucha más, y a lo mejor hoy el paraíso sería distinto. Me siento feliz de estar aquí, contigo, en medio de este follaje-
- Suenas a sermón, suenas a conocimiento. ¿Como es qué sabes de mi, si ni yo misma me conozco?-
- Es que era cierto, la muerte nos iguala, la muerte es la emperatriz del mundo, vive entre nosotros absorbiendo nuestras memorias para luego entregárselas a otros que nos frustran ricos en verdades, faltos de mea culpas.-
- Espero te baste saber que eras un hombre inteligente Pablo.-
- Y yo quisiera hacerte un poco más feliz. Es extraño, Pablo, lo dices y ahora recuerdo algo sobre mi-
Ella sonrió cómplice, también recordaba algo sobre su pasar en el mundo; una cara, una mujer, un país lejano del norte, una casa, todo envuelto en una turbia y densa brisa.
- ¿Qué cosa?- Preguntó ella.
- La última vez que nos vimos, guarde en mi alma el deseo de haberte conocido joven, no una mujer hecha y derecha, quería verte radiante, contemporánea y similar, con las dudas que sólo los juveniles años otorgan, quería que me vieras como un verdadero confidente. Y heme aquí, junto a una joven tú, rabiante, contemporánea, alma triste, detrás de unos ojos que inundan prados, vistos, vistas, mucha historia que me complace-
- No te recuerdo así, pero que importa ya. Envidio tu final feliz, quisiera contarte alegrías, pero es esto que llevo dentro, que me consume, me agita, me asusta, es lo que he conseguido rebelándome a los goces adecuados. Si nacimos del dolor, debíamos morir de la misma forma. Quien espere un descanso se equivoca, esto es siempre igual, un círculo vicioso, un enorme guión cósmico-
La pareja descansaba a su manera en aquel banco, en dónde el tiempo era fiel, el escandaloso Sol no aparecía, y complementados como únicamente ellos podían, se unieron en la dicha o desdicha de un final poco esclarecedor.
El silencio había regresado de su viaje a través de la tierra, los jóvenes-ancianos perdían su mirada en el paisaje, cuando de pronto, un tercero apareció en la banca. Exaltando a los ya presentes por la sorpresa de no encontrarse solos.
- ¿Quién eres tú?- Preguntó Gabriela con genuino interés.
- No lo sé- Respondió la adolescente contrariada.
- Entonces llegaste al lugar indicado- Comentó el único varón.
- Tranquila, tienes tiempo para pensarlo. Empieza preguntándote que es lo último que recuerdas, eso servirá- La valiente mujer, con la carta de la docencia y años de experiencia con niñas entre sus brazos, fue la primera en asechar psicológicamente, sin intenciones maliciosas, a la recién llegada.
Con los ojos almendrados de color café, uniéndose a las prominentes narices del grupo, viendo por primera vez un entorno detallado sin necesidad de anteojos, la chica del pelo rizado hizo memorias con fuerza.
- Estaba en mi cama acostada, llevaba pijama y el pelo sucio. Escribía sobre un par de poetas muertos que se encontraban en un parque sentados intentando recordar, reconocerse, pensando, pensando-
Ella lo miró con media atención, parecía preocupada de otras cosas. Hablar del clima era demasiado superfluo para su confundida mente.
El silencio vuelve a ser ensordecedor entre los desconocidos, sin embargo el insistente hombre de palabra, lo despojo de su reinado trayendo consigo el hermoso sonido de un declamador no tan profesional.
- Este es el clima que me gusta, me hace pensar en mejores años-
- Disculpa que te interrumpa, ¿sabes en dónde estamos?-
- En un parque.-
- Es que no recuerdo-
- ¿Qué no recuerdas?-
- Como he llegado aquí-
Ambos se miraron intentando lograr alguna información relevante de los ojos del otro. Al notar su falta de noción del tiempo parecían estar detenidos en un momento de la historia. Cronos en su malicia jugaba con ellos.
- Se que mi país estaba en llamas, había un dolor en mi alma- Dijo él sintiendo algo como desazón en su vació cuerpo.
Mientras que ella, sin intentar hilar un recuero coherente, fue invadida por una extraña sensación de emoción.
- Creo que te conozco.. Probablemente hace años, ¿Ricardo? ¿Pablo? Reyes tal vez.-
- No sé en realidad, pero la compañía me acomoda.-
- Lamento no decir lo mismo.- Contestó ella abrumada por la atmosfera romántica que el hombre a su lado exudaba.
- ¿Cómo dijiste que te llamabas?- Preguntó él.
- No lo dije-
- Tienes razón, nos conocemos. De hecho, se perfectamente quien eres mujer-
La joven de aguilucha nariz y pelo inmanejable, de rasgos rudos y ojos profundos se enderezó sorprendida por tan vehemente afirmación.
- No confío en los hombres.- El joven sonrió medianamente, creyendo enfrentar un comentario sin importancia. Ella continuó hablando.
- Me siento violentada por imágenes como las tuyas, de tanto viajar te has vuelto un extranjero más-
- Claro que desconfías. Ahora que lo mencionas, dicen que tuviste malas experiencias de pequeña. Espera un momento, ¿porque dices que viajo? ¿Es que soy importante?-
- Generoso de mujeres, y múltiples odas a lo simple.. Has hecho complejo el lenguaje universal.-
- ¿Juegas conmigo? Se de tus premios, tus gustos, cada uno de los reconocimientos que el país te dio, no es necesaria la burla de mi corriente pasar-
- No me burlo, casi comprendo, ¡tu paganismo te tiene en este lugar! Tantas mujeres, esa alma de Casanova y el poco respeto por la moral terminó contigo-
- No me gusta Dios. ¿Pero qué hay de tus ángeles? ¿Crees que te han traído aquí?-
- Esperaba que lo hicieran, pero si esto es el cielo.. Deja mucho que desear-
- Esto es el cielo para mí, es increíble volver a verte. En la época en que te conocí, nuestras vidas eran diferentes. Nuestro rostros no vivían en el circulante.-
- ¿En el circulante?-
- Sólo el tuyo en realidad-
- El tema no es contigo chico, me alegro de verte. Siempre supe que venías a quebrar los moldes de la poesía costumbrista sombra de tu presente-
- ¿Entonces cual es el problema? Sientes la independencia del olor a frío, espera a que las gotas toquen nuestros perfectos rostros sin presura, acaso no ves las mariposas, flores, espinas, bosques, hojas, ojos, madera alrededor- Dijo él.
- El cielo está gris, no tiritan astros lejos ni cerca. Pero si pienso en Temuco, ¿te acuerdas de Temuco?- Respondió ella.
- Patria Araucanía, tú llevabas los tacones bajos, y un rostro tostado. Me atrevo a tutearte ahora, porque en esos tiempos no venía al caso.-
- Fuimos iguales, somos iguales ahora. Somos hijos de la misma alma, tu madre..
- Y tu Padre-
- ..se deben haber unido en esta banca, luego de dejarnos. Pero no estoy contenta.-
- ¿Qué te hace falta? Qué necesitas?.-
- Siento que debería estar en otro lugar, angustia, echo de menos.-
- Este es tu infierno entonces. Porque en el fondo no supiste amar.-
- ¿Y supiste tú amar? Recuerdas a Matilde, ¿o alguna de tus muchas amantes de sonetos y cantos?-
- No lo sé, supongo que las llevo dentro, no con nombres como me pides, pero con tranquilidad de saberme amado y amante bajo mis criterios, a vista y paciencia de un mundo-
- Eso puedo confírmartelo yo, no es una sensación, fue tu realidad. El mundo entero supo de tus hazañas, inexorable amador, rey de corazones. Esperanzado vivías queriendo y odiándolas, callándolas, adorándolas. Ellas, tantas, nunca eran demasiadas para ti, el insaciable artista.-
- Suena a reproche. Es porque tu no supiste amar como debías, a quien debías, libre, serena.-
- No me cuentes mi historia, privada, sola. Si no la guardo yo, entonces no tienes derecho.-
- Sola nada, he oído de tus compañías-
- Así que mi castigo es pasar la eternidad junto a ti, que me recuerdas a otras vidas, y me mantienes despierta aun cuando te digo que me duele algo aquí adentro-
- Creo que así es, y no lo siento. Pudiste ganar, pudiste escoger hacerlo bien, es un mundo loco haya afuera, hubieses tenido que batallar una que otra lucha más, y a lo mejor hoy el paraíso sería distinto. Me siento feliz de estar aquí, contigo, en medio de este follaje-
- Suenas a sermón, suenas a conocimiento. ¿Como es qué sabes de mi, si ni yo misma me conozco?-
- Es que era cierto, la muerte nos iguala, la muerte es la emperatriz del mundo, vive entre nosotros absorbiendo nuestras memorias para luego entregárselas a otros que nos frustran ricos en verdades, faltos de mea culpas.-
- Espero te baste saber que eras un hombre inteligente Pablo.-
- Y yo quisiera hacerte un poco más feliz. Es extraño, Pablo, lo dices y ahora recuerdo algo sobre mi-
Ella sonrió cómplice, también recordaba algo sobre su pasar en el mundo; una cara, una mujer, un país lejano del norte, una casa, todo envuelto en una turbia y densa brisa.
- ¿Qué cosa?- Preguntó ella.
- La última vez que nos vimos, guarde en mi alma el deseo de haberte conocido joven, no una mujer hecha y derecha, quería verte radiante, contemporánea y similar, con las dudas que sólo los juveniles años otorgan, quería que me vieras como un verdadero confidente. Y heme aquí, junto a una joven tú, rabiante, contemporánea, alma triste, detrás de unos ojos que inundan prados, vistos, vistas, mucha historia que me complace-
- No te recuerdo así, pero que importa ya. Envidio tu final feliz, quisiera contarte alegrías, pero es esto que llevo dentro, que me consume, me agita, me asusta, es lo que he conseguido rebelándome a los goces adecuados. Si nacimos del dolor, debíamos morir de la misma forma. Quien espere un descanso se equivoca, esto es siempre igual, un círculo vicioso, un enorme guión cósmico-
La pareja descansaba a su manera en aquel banco, en dónde el tiempo era fiel, el escandaloso Sol no aparecía, y complementados como únicamente ellos podían, se unieron en la dicha o desdicha de un final poco esclarecedor.
El silencio había regresado de su viaje a través de la tierra, los jóvenes-ancianos perdían su mirada en el paisaje, cuando de pronto, un tercero apareció en la banca. Exaltando a los ya presentes por la sorpresa de no encontrarse solos.
- ¿Quién eres tú?- Preguntó Gabriela con genuino interés.
- No lo sé- Respondió la adolescente contrariada.
- Entonces llegaste al lugar indicado- Comentó el único varón.
- Tranquila, tienes tiempo para pensarlo. Empieza preguntándote que es lo último que recuerdas, eso servirá- La valiente mujer, con la carta de la docencia y años de experiencia con niñas entre sus brazos, fue la primera en asechar psicológicamente, sin intenciones maliciosas, a la recién llegada.
Con los ojos almendrados de color café, uniéndose a las prominentes narices del grupo, viendo por primera vez un entorno detallado sin necesidad de anteojos, la chica del pelo rizado hizo memorias con fuerza.
- Estaba en mi cama acostada, llevaba pijama y el pelo sucio. Escribía sobre un par de poetas muertos que se encontraban en un parque sentados intentando recordar, reconocerse, pensando, pensando-
No hay comentarios:
Publicar un comentario